El Hub de Negocios.- La industria de protección contra incendios atraviesa un momento de transformación en México. El crecimiento de nuevas plantas productivas, el cambio en los materiales de construcción y la llegada de empresas asiáticas abren oportunidades para el sector de rociadores automáticos contra incendios, pero también elevan la exigencia sobre sus estándares.
David Morales, presidente nacional de la Asociación Mexicana de Rociadores Automáticos Contra Incendios (AMRACI), señala que el mercado registra actividad, aunque por debajo de las expectativas para 2026. La incertidumbre arancelaria representa uno de los principales factores que frenan decisiones de inversión.
El directivo observa proyectos industriales en proceso de cotización y confía en una mayor consolidación durante 2027, cuando algunas inversiones podrían tomar mayor certeza.
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La regulación se queda atrás frente a la tecnología
Uno de los principales desafíos está en el marco normativo. Morales advierte que algunas normas mexicanas requieren actualización para responder a los cambios tecnológicos y constructivos.
Como ejemplo, menciona la NOM-002, cuya versión vigente, según explicó, corresponde a 2010.
El problema adquiere relevancia con el uso creciente de materiales reciclados y productos plásticos en edificios y espacios industriales. Aunque estos materiales aportan beneficios ambientales y de diseño, también pueden modificar el comportamiento de un inmueble ante un incendio.
Por ello, la protección debe evolucionar hacia esquemas que combinen prevención, detección y extinción.
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El costo de no invertir en protección contra incendios
La seguridad contra incendios también representa un asunto financiero. De acuerdo con las estimaciones compartidas por AMRACI, las pérdidas por incendios en México rondan 35,000 millones de pesos al año.
Morales aclara que los 12,000 millones de pesos corresponden a los pagos realizados por aseguradoras por siniestros cubiertos, mientras que el impacto total resulta mayor debido a los inmuebles y negocios que carecen de seguro.
El dato más relevante aparece en las pequeñas y medianas empresas: solo 20% estaría asegurado contra este tipo de riesgos. En vivienda, la cobertura sería todavía menor, con menos de 5% de las casas aseguradas contra incendios.
Además, cerca de 70% de los incendios ocurre en casas habitación, según las estimaciones presentadas por el directivo.
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Más que salvar vidas: proteger la continuidad del negocio
Para la industria, instalar rociadores automáticos, alarmas y otros sistemas no representa únicamente una medida de seguridad. También puede proteger la continuidad operativa.
Una emergencia en una planta puede detener una línea de producción, afectar proveedores, retrasar entregas y generar pérdidas para toda una cadena de suministro.
Por eso, la prevención gana peso entre las empresas que buscan mayor resiliencia. Para Morales, el desafío consiste en cambiar la percepción: la protección contra incendios no debe verse solo como un costo, sino como una inversión para proteger vidas, activos y operaciones.
El siguiente paso para el sector pasa por dos frentes: actualizar la regulación y fortalecer la cultura de prevención. Ambos serán determinantes para que México pueda acompañar el crecimiento industrial con instalaciones más seguras y resilientes.
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