Ciberseguridad en tecnología de video: el costo invisible de no actualizar

La ciberseguridad en tecnología de video es crucial, pero si no se actualiza, se degrada y se vuelve un blanco fácil para los ciberdelicuentes.

Por: JOHANA ARIAS
SALES DIRECTOR LATAM EN MILESTONE SYSTEMS
junio 02, 2026
Ciberseguridad en tecnología de video: el costo invisible de no actualizar

La tecnología de video protege, pero también necesita ser protegida. En las últimas semanas, el tema de la ciberseguridad en la tecnología de video ha pasado al centro de la discusión pública, planteando una pregunta clave: ¿cómo estamos protegiendo los sistemas que nos protegen?

Durante años, la tecnología de video fue considerada una infraestructura importante, pero pasiva, si el sistema grababa, almacenaba y permitía visualizar imágenes, se daba por exitoso. Pero en 2026 esa lógica ya no es suficiente.

Hoy, cualquier sistema que no evoluciona se degrada, y en ciberseguridad, degradarse significa aumentar su exposición. Incluso en entornos segmentados, organismos como la Cybersecurity and Infrastructure Security Agency (CISA) han advertido que dispositivos como cámaras, grabadores y plataformas de gestión son objetivos frecuentes cuando carecen de configuraciones seguras o actualizaciones oportunas.

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Actualizar no es mantenimiento, es defensa activa

Cada actualización que libera un fabricante responde a una realidad concreta: vulnerabilidades detectadas, mejoras en autenticación, refuerzo de cifrado o mitigación de nuevos vectores de ataque.

Operar sistemas sin actualizar, o sin los últimos parches de seguridad, incrementa significativamente la superficie de ataque. Marcos como el del National Institute of Standards and Technology (NIST) destacan la gestión de vulnerabilidades como un control esencial. Sin embargo, en la práctica, muchas organizaciones siguen posponiendo actualizaciones por temor a interrupciones operativas o por falta de procesos definidos.

El impacto no siempre es inmediato, pero sí acumulativo; y cuando se materializa, puede tener consecuencias dañinas que van mucho más allá de lo técnico.

Cabe señalar que el crecimiento de la tecnología de video en América Latina ha sido acelerado, sin embargo, no siempre ha sido acompañado por una madurez equivalente en prácticas de ciberseguridad.

Aunque no existen cifras públicas consolidadas sobre el porcentaje de sistemas actualizados, distintos análisis de la industria coinciden en un punto crítico, que una proporción significativa de infraestructuras opera con versiones desactualizadas o sin políticas formales de parcheo. Esto significa que muchos sistemas cumplen su función operativa, pero no su función de seguridad.

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La ciberseguridad es una responsabilidad compartida

La ciberseguridad en la tecnología de video es un modelo de responsabilidad compartida entre fabricante, integrador y usuario final. Sin embargo, no todos los fabricantes operan bajo los mismos estándares, existen diferencias relevantes en la frecuencia de actualizaciones, la transparencia en la gestión de vulnerabilidades, la disponibilidad de guías de configuración segura y el cumplimiento con estándares internacionales.

Fabricantes como Milestone Systems han evolucionado hacia un enfoque de seguridad por diseño. Su plataforma de gestión de video Milestone XProtect combina arquitectura abierta, ciclos continuos de actualización y documentación formal de mejores prácticas alineadas con estándares como ISO/IEC 27001 y marcos del NIST.

Este enfoque refleja una evolución de la tecnología de video hacia plataformas abiertas y escalables, donde la seguridad no depende de un único componente, sino de un ecosistema bien gestionado. Ahora bien, incluso con estas capacidades, la seguridad no es automática, depende de cómo se implementa, configura y mantiene el sistema a lo largo del tiempo.

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El factor humano: la variable más subestimada

Más allá de la tecnología, existe un elemento crítico que suele subestimarse: el conocimiento de quienes diseñan, implementan y operan los sistemas. La capacitación, certificación y experiencia de fabricantes, integradores y usuarios finales no son un complemento, sino un componente esencial de la seguridad.

Un sistema puede volverse vulnerable cuando se pone en marcha sin seguir las recomendaciones del fabricante, se prioriza la operación sobre la seguridad o no se cuenta con personal capacitado y actualizado; por el contrario, las organizaciones que invierten en formación continua logran reducir significativamente su exposición. En ciberseguridad, la diferencia entre un sistema robusto y uno vulnerable muchas veces depende de quién lo opera.

Pasando al tema normativa, es importante señalar que el entorno regulatorio en América Latina, Centroamérica y el Caribe ha evolucionado de forma consistente, consolidando la protección de datos personales como un requisito fundamental para los sistemas de gestión de video.

Países como México, Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Argentina y Brasil han fortalecido sus marcos normativos en torno al tratamiento, resguardo y seguridad de la información. Mientras que otras naciones de la región avanzan hacia estándares alineados con las tendencias internacionales de privacidad y protección de datos.

En conjunto, estas regulaciones comparten el principio de que las imágenes captadas por sistemas de gestión de video son consideradas datos personales y deben ser protegidas bajo criterios de seguridad, confidencialidad y control de acceso, en este contexto, la ciberseguridad deja de ser únicamente una recomendación técnica para convertirse en una necesidad estratégica y regulatoria para las organizaciones.

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Del proyecto al proceso: el verdadero cambio de mentalidad

La ciberseguridad exige continuidad, requiere actualización constante, monitoreo activo, soporte especializado y evaluación permanente de riesgos, es decir, implica pasar de una lógica de inversión inicial a una visión de ciclo de vida completo.

La resiliencia no se compra, se construye y para los líderes de seguridad y TI, esto implica:

  • Establecer políticas formales de actualización.
  • Implementar monitoreo continuo.
  • Integrar sistemas con centros de operación de seguridad.
  • Adoptar autenticación multifactor.
  • Revisar vulnerabilidades del fabricante.
  • Asegurar que las configuraciones cumplan con guías de hardening, incluyendo una inversión en la capacitación continua del equipo.

En el caso de los equipos de adquisiciones, construir esta resiliencia significa:

  • Evaluar el costo total de propiedad y no solo el precio inicial.
  • Exigir cumplimiento con estándares internacionales.
  • Validar la frecuencia de actualizaciones.
  • Incluir contratos de soporte con niveles de servicio claros.
  • Priorizar plataformas que permitan evolucionar en el tiempo.

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Ciberseguridad: clave establecer cimientos seguros

Las guías de hardening definen el punto de partida de la seguridad. Es el proceso de establecer unos cimientosseguros y mantenerlos, lo que significa:

  • Controlar identidades y accesos.
  • Eliminar credenciales por defecto.
  • Aplicar autenticación multifactor.
  • Segmentar redes.
  • Restringir accesos.
  • Mantener sistemas actualizados.
  • Cifrar comunicaciones.
  • Reducir la superficie de ataque.
  • Monitorear continuamente el comportamiento del sistema.

Organismos como CISA coinciden en que muchos incidentes no explotan fallas complejas, sino configuraciones básicas omitidas.

La ciberseguridad en la tecnología de video ya no es un tema exclusivamente técnico, es una decisión estratégica que involucra tecnología, procesos y talento. Las organizaciones que logren alinear estos tres elementos no solo reducirán riesgos, sino que estarán mejor posicionadas para operar en entornos donde la confianza digital será un diferenciador clave.

El contexto actual en la región debe leerse como una oportunidad para replantear cómo entendemos la seguridad. En ciberseguridad, no actualizar no es una omisión pasiva, es una decisión y cada organización define, con esa decisión, su nivel de vulnerabilidad.



JOHANA ARIAS

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SALES DIRECTOR LATAM EN MILESTONE SYSTEMS