La aprobación de la Ley General de Aguas por parte del Senado de la República es, sin duda, un parteaguas para el entorno corporativo en México. Con 85 votos a favor y 36 en contra, la ley —que reforma la anterior Ley de Aguas Nacionales— dio luz verde a un nuevo régimen hídrico en el que el Estado recupera la rectoría sobre el recurso.
Para las empresas, esto significa que el agua ya no podrá ser tratada con la antigua lógica de insumo barato y prácticamente inagotable. La norma establece que las concesiones ya no podrán ser transferidas libremente entre particulares y que será la Comisión Nacional del Agua (Conagua) la responsable de reasignarlas.
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Este nuevo marco redefine prioridades:
- El uso doméstico, urbano y comunitario tendrá preferencia.
- El acceso industrial quedará sujeto a una regulación más estricta.
- Para empresas de sectores intensivos en agua —manufactura, agroindustria, minería, generación energética, entre otros— los costos de operación, cumplimiento normativo, infraestructura de medición o tratamiento, podrían incrementarse significativamente.
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Más allá del costo, la ley demanda planificación, trazabilidad y eficiencia. Además, las compañías deberán realizar acciones puntuales:
- Auditar su dependencia hídrica.
- Evaluar cada proceso productivo.
- Invertir en tecnologías de reutilización, tratamiento o captación.
- Contemplar escenarios de restricción.
La capacidad de adaptarse no será un lujo, sino una necesidad para mantener competitividad.
Por otro lado, este nuevo contexto abre oportunidades que se dispararán:
- La demanda de innovación en eficiencia hidráulica.
- Tratamiento de aguas.
- Monitoreo.
- Consultoría.
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La Ley General de Aguas presiona a las empresas
Empresas ágiles podrían convertir la transición en ventaja competitiva, integrando soluciones sostenibles que antes eran opcionales.
Sin embargo, la velocidad del cambio legislativo de la Ley General de Aguas (solicitar un análisis en comisiones y aprobada en fast-track) añade presión. Para muchas empresas, el reto real empieza ahora: este no es un ajuste menor, sino una reconfiguración estructural del uso del agua en México.
El mensaje para el sector privado debe ser claro: quien espere a ver resultados probablemente enfrente sanciones, costos crecientes, restricciones o incluso pérdida de competitividad. Hoy más que nunca, la resiliencia corporativa requerirá visión estratégica, inversión inteligente y responsabilidad hídrica real.
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